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23 junio 2010

Me da miedo...

Ayer alrededor de las 11.20am vi en mi TL sobre un bus que habían secuestrado. El bus que iba de Santa Ana a San Salvador había sido capturado y nadie sabia nada. En ese momento, solo ese medio había publicado la noticia. Todas las personas opinaban que podía ser mentira (dado que ese medio se había inventado una entrevista con Bielsa).

Cuando yo leí la noticia decía básicamente que una pasajera que se había podido bajar les había contado que seis tipos encapuchados habían detenido un bus que se dirigía de Santa Ana a San Salvador. Principalmente los hombres querían dinero, pero cuando las personas se negaron a darles dinero secuestraron el autobús.

Como la noticia había sido publicada y rápidamente se había esparcido en la red, el ministro de seguridad contacto al medio y les pidió que retiraran la noticia porque “solo querían sembrar el miedo y terror en las personas” y ellos les dijeron que tenían un testigo y que la policía de la zona les había confirmado y que habían mandado patrullas a la zona.

Y luego otra vez se comunicaron con ellos y les dijeron que habían llamado a la jefatura de toda esa zona y que no habían reportes de ese tipo, que habían llamado a la empresa de buses y que ninguno había sido notificado como extraviado o perdido. Y nuevamente les pidió que quitaran la noticia. Los del medio nuevamente le dijeron que la noticia había sido confirmada por la policía de Santa Ana. Cuando el medio quiso contactar otra vez a la policía de Santa Ana para confirmar nuevamente la información nadie les contesto.

Me quede sorprendida, es feo saber estas cosas y por mucho que uno trate de que no le afecten, siempre le terminan afectando. Es por demás… no se puede actuar con naturalidad.
Cuando vino mi madre ayer hablábamos y le conté sobre esta noticia y lo feo… pero le dije todo lo que había leído y como la gente le quitaba crédito. Dado que la noticia no había salido en otro medio, pues, no se sabia si era cierto. En la noche vimos las noticias y no salió nada.

Cuando dieron las 10 yo me pude enterar de cómo alguien que yo conozco en persona había sido victima de este atentado. Cuando me entere de todo lo que había pensado solamente dije: esa es la noticia de la página y le dije que escribiera en esa noticia y dijera que era cierto totalmente y todo lo que le había pasado.

Hoy MIERCOLES, hace unas cuantas horas, el presidente Mauricio Funes decidió dar su cara para “informar” a la sociedad sobre lo que había pasado EL DOMINGO (Marosos prenden fuego a un bus con 14 personas vivas adentro) Entre toda la retorica, menciono que los marosos eran una carga de gobiernos pasados, que les daba el pésame a esas personas, que “no intimidarían” esas acciones al gobierno… pero entre esas y otras cosas que dijo, dijo que le llamaba la atención a esos medios digitales que no hacen mas que fundir el miedo en la sociedad.

En el twitter estos hechos se dieron a conocer a entre las 7.30pm, es decir a la hora que ocurrían. Si la policía tuviera twitter, quizás se hubieran enterado antes… El hecho ocurrió a esa hora la policía llego a las 8.00pm y los medios de comunicación llegaron a las 9 quizás. Es decir, todos sabíamos, menos ellos.
Que el presidente de un país denuncie estos hechos me parece asquerosamente infantil.

La cadena acabo y empecé a ver 8 en punto, donde hablaba el Fiscal general de la república, sobre este tema y el tema del chico asesinado cruelmente a luz del día. Entre a twitter y vi mi TL donde varias personas hablaban de “a que medio electrónico se refirió el presidente”. Muchos dijeron que no era FB o Twitter, sino “lapagina.com.sv”. Aparentemente por esta noticia del bus secuestrado.

Los comentarios abundaban, y solo respondí uno diciendo que conocía a una persona que iba en ese bus y que era cierta. Les dije que en mi punto de vista no dejaba mal al medio sino a la policía y a las autoridades dado que solo hay dos posibilidades: 1. Que nieguen el hecho porque no quieren que nadie se entere. 2. No saben nada y son inútiles. Cualquiera de las dos opciones siempre los deja mal plantados.

Por si esto fuese poco, luego de publicar este post me entero que no solo fue un bus asaltado y sacado de su ruta, sino fueron 3 buses de la misma ruta y que los mismos compañeros de trabajo no saben nada del conductor o del bus y su panadero. Esto me fue confirmado por la misma persona victima.

Por un lado esto me pone peor, me siento realmente insegura y si siento miedo de subirme en el transporte publico. Me da miedo que estos individuos quemen otro bus. Me da miedo que algo le pase a un ser querido. Me da miedo que los medios de comunicación no sean honestos con la población. Me da miedo que el presidente les quiere hacer creer a sus votantes como un pastor a sus ovejas que esto es mentira. Me da miedo que los políticos solo quieren ver como aprovecharse y sacar votos de la situación. Me da miedo que a todos se les olvide y no hagan justicia con las familias salvadoreñas, con los civiles que no tienen nada que ver con esto… Me da miedo que se empiecen a tomar la justicia por cuenta propia las victimas, que se creen grupos que maten a estos pandilleros… Me da miedo que se de una guerra.

El presidente dijo que no permitiría que le metieran miedo al gobierno… Que bien por el, por que dudo que le logren meter miedo. Pero y ¿que pasa con los demás que no viven en una residencial hiper-mega-privada? ¿Qué pasa con los que no tenemos un vigilante personal? ¿Qué pasa con los que no tenemos un carro blindado? ¿Qué pasa con estos 5 o 6 millones de personas?

Usted señor presidente realmente cree: “Lo primera que tenemos que hacer es no desesperarse, la violencia en nuestro país tiene causas estructurales…” dígame señor presidente ¿Le diría eso a las personas que murieron calcinadas?
Mientras usted se da el lujo de decir estas cosas toda la población que no viaja en helicóptero enfrenta una realidad muy diferente a la suya, por que agradezca que es Presidente y que tiene un carro donde movilizarse, porque de no tenerlo andaría en bus con el alma en un hilo pensando si al subirse, se acabara su vida, la de su esposa y la de sus hijos.

22 junio 2010

En El Salvador no se roba por necesidad

Por Marvin Aguilar
Esta semana el científico que ayudó a resolver el problema de la viruela, Frank Fenner, anunciaba que la raza humana se extinguirá en el transcurso de los próximos cien años, debido a dos causas –entre otras- principales: la sobrepoblación, y el consumo que está fuera de control. Cerraba la pagina web de Il corriere della sera y, revisé por última vez el Diario La Página. Con profundo dolor descubrí en qué clase de país nos estamos convirtiendo: en uno malo. En nuestra nación leí, las pandillas y las mentes enfermas que los organizan ya han comenzado su incendio.

Señor presidente: ¿o somos un país con problemas o, un país problema?

¿Tendremos los salvadoreños que comenzar a matar pandilleros? Siendo honesto yo no culparía a nadie que comience una cacería de anti sociales. Lamento haber tenido que escribir las líneas anteriores, estoy, lo comprendo, igualándome a los asesinos. Lo lamento. Pero quizás los macacos son más humanos que los salvadoreños.

Me es difícil renunciar a mi ideario liberal, pero debo considerar que el libertinaje humano de 30,000 pandilleros nos está postrando como pueblo, como nación, como Estado.

Debemos de controlar la población, no más salvadoreños que nazcan en condiciones de pobreza.

El ex presidente Bil Clinton lo señalaba acertadamente cuando sostenía: tener ahora muchos hijos, se convierte en una acción de ruptura, en una acción egoísta contra la sociedad organizada, porque introduce o puede introducir en esa sociedad organizada individuos culturalmente no controlables.

Basta desde la izquierda de acusarnos de pretender criminalizar la pobreza, basta desde la derecha religiosa de oponerse al control de la natalidad. El Salvador es incapaz de darle trabajo a tanto brazo y sustento a tanta boca. Pero los políticos y moralistas son como la araña: tiene ocho ojos y es prácticamente ciega.

El cineasta Jorge Dalton ha realizado para el PNUD, un documental Ciudad Adentro, (que puede ser visto en cerounotv.com), en donde refleja la formas de vida de 2, 000,000 de salvadoreños que viven en las zonas de pobreza, marginalidad y, alto riesgo social.

Con semejante fractura social acabará este paisito armando una masacre entre hermanos, otra vez. El gobierno debe decirle a los guanacos que la crisis económica continuará agravándose, esto debido a que el cambio climático ocasionará que haya escasez de alimentos, nosotros solo producimos gente, que cada vez será más pobre; luego solo las personas con capacidad económica estable y solida podrán resistir las carestías que se avecinan. Lo dijo David Cameron a los británicos: hay que reconocer que el pueblo inglés ha vivido más allá de sus posibilidades. ¿Acaso a los salvadoreños antes de darles educación y salud, se les dio bienes materiales o de consumo y, por eso siempre terminan llegando un día tarde y con un dólar menos?

¿Para qué sirven el dinero de las extorsiones?

El salvadoreño nulo, escaso de creatividad, usa el dinero no para satisfacer sus necesidades básicas, sino su propensión marginal al consumo. Observaba en un supermercado, la serie de fotografías que cuelgan en una pared de ladrones que sorprendieron robando en su tienda. Nadie tenía comida, solo objetos innecesarios que una persona machista, ostentosa y agresiva necesita para demostrarse a sí mismo y ante los demás que no es un pata en el suelo.

Pues igual, secuestran y extorsionan por que confunden el buen gusto con la riqueza. En El Salvador no se roba por necesidad, se roba por la ética del egoísmo, por la mal sana idea de vivir bien a toda costa. Es estructural esto, aquí no se construyen aceras seguras, cómodas, sino que carreteras. Importan así más los carros que las personas.

Hemos pasado del asco de Castellanos Moya, al vómito constante.

Cierro con la idea que el académico de la Universidad de Australia decía en relación al exterminio del hombre: si bien es cierto que el consumismo desmedido de la humanidad nos llevará a situaciones dramáticas como las de BP en el golfo de México; que la sobrepoblación nos conduce a sociedades de dos velocidades como la salvadoreña, transformándonos en uno de los países más violentos del mundo, también es cierto que es el mismo hombre el que puede cambiar las cosas. Dios no ha puesto las cosas así, es el hombre quien es el responsable de esta caótica situación, a pues ese mismo hombre debe ser capaz, debe ser responsable de enderezar este estado de cosas.

Rezar, orar, solo es un acto de escapatoria. Acción se requiere. En El Salvador esta pasa por controlar el nacimiento de la población, a menos que nos parezca más razonable y sano comenzar a aceitar todas nuestras armas de fuego para extirpar los cánceres sociales. Y ya todos sabemos en qué termina eso.

Vía LaPagina.com

Algo en mi ha muerto.

Siempre vemos en la televisión noticias de actos que sobrepasan los actos vandálicos, los muy llamados, actos terroristas. Solemos pensar que esta mal el hecho, pero como estos actos son lejanos a nosotros nos terminan importando poco o nada.


Ayer (domingo 20) a las 7:30pm 11 personas murieron. Dicen que cada segundo una persona en el mundo muere… pero a diferencia de esa persona que por segundo muere, estas 11 personas aun no conociéndolas han marcado mi vida. Como dije antes, ayer 11 personas murieron, y no murieron por causas naturales, sino han muerto calcinadas dentro de un microbús publico por simple gana de unos marosos (pandilleros). Entre los muertos estaban familias completas, ancianos y recién nacidos.


Es triste… es tan triste, que quizás me faltan palabras para poder describir la sensación de impotencia y repulsión. Quizás tristeza no sea realmente lo que siento, quizás sea coraje al ver como mueren personas inocentes en manos de entes; quizás sea impotencia al ver en la sociedad que vivo; quizás sea decepción al pensar que quizás sea en este caos el que crecerá futuras generaciones; quizás sea rabia por la muerte de esa pareja y ese bebe llorando al sentir las llamas sobre su cuerpo.


Hoy las palabras faltan, no porque la imagen sobre… porque no necesito ninguna imagen, solo necesito saber los hechos e imaginarme. Nadie pensó que su último momento de vida seria clamar ayuda y piedad entre las llamas que lentamente se calan por la piel hasta llegar a los huesos. Nadie quiere que sea su último momento de vida.

Aun faltándome palabras para describir mi sentimiento, no me faltan palabras para describir el asco que siento por aquellos que no les importa, que no sienten, que lo ven como algo mas, como 11 muertos mas… No me faltan palabras para describir la repulsión ante aquellos que enjuician el acto en un segundo y en el siguiente hablan sobre el mundial.


El mundial, la comida grasosa y las compras solo están ahí para mantenernos en nuestro letrago… para alejarnos de la muerte, y con menor esfuerzo, lo logran… No pido que la vida se detenga, pero hay que ser mas justos por 11 muertos, porque esta actitud al final les favorece mas a los delincuentes, a los encargados de dicha masacre.


Hoy piensen en Romero, piensen en el World Trade Center, piensen en Hitler y los campos de concentración… piensen en lo mucho que han denunciado el acto, lo mucho que criticaron a todas esas personas… piensen en como ellos lo pudieron permitir, en como miles de vidas terminaron sin motivo y causa, pero sobre todo piensen en que hoy ustedes permiten la muerte de millones al no importarles 11 muertes mas que un segundo…


El hecho no es condenar solamente, la necesidad es de actuar no solamente por mi bien, ni por si el día de mañana me gustaría que la gente fuese solidaria con la muerte de mi familia, sino, por que me solidarizo conmigo, con mi hermano, con mi prójimo. Porque soy consiente que esta no es humanidad, que no es vida. Porque así como hoy yo gozo de un día mas de vida, ese bebe y su familia también lo merecían…

“Por Dios, no nos maten”

Una mujer conducía su vehículo cerca del lugar donde quemaron el microbús y calcinaron a once personas. Ella miró todo lo que sucedió desde el momento en que el microbús comenzó a arder. “Aquello era el infierno”, dice. Recuerda los gritos de terror. Dice que escuchó el llanto de un niño recién nacido. Los pandilleros disparaban a las piernas a quienes querían huir. Esto es lo que nos contó.
Redacción
Diario El Mundo

De pronto escuché unos gritos despavoridos, horrorosos. Durante toda mi vida, nunca había escuchado algo así.. Eran casi las 7.30 de la noche y con mi vista traté de ubicar el lugar de donde se originaban esas voces desesperadas, macabras. Una luz opaca amarillenta no me dejaba ver con exactitud. Yo pasaba por ahí conduciendo mi vehículo cuando me percaté que algo pasaba. Miré hacia un sector y pude notar que aquellos gritos salían de un microbús aparcado cerca de donde estaba.

Los gritos de terror no paraban. En un momento la calle comenzó a iluminarse. El microbús agarró fuego. Adentro escuchaba los gritos de mujeres quemándose. Suplicaban que alguien llegara a sacarlas de ahí. Pero, sólo Dios podía hacer algo por ellas.

Yo estaba asustada. Temblaba. Como sabía que algo grave ocurría marqué en mi teléfono celular el 911. Pero, fue infructuoso. Ese número sólo salía ocupado. Afuera del microbús al menos tres hombres le echaban gasolina para que las llamas cogieran más fuerza. Se reían como dementes.

Yo sabía que no podía hacer nada. Si me bajaba del carro me habrían matado. De eso estoy segura. Yo sólo me encomendé a Dios. No pude seguir manejando. Me quedé impactada. A lo úncio que atiné fue a apagr el vehículo. Ni en las películas más violentas había visto eso.

Fueron instantes. Minutos. No lo sé. Pero miré como, mientras el microbús cobraba más y más fuego, una mujer salió como volando por una ventana del vehículo. Después me dí cuenta que fue su esposo quien la tiró por la ventana para salvarla de las llamas. Era una señora de la colonia Argentina. Vivía cerca de donde yo resido.

Después miré la silueta de un hombre (era su esposo), quien trató de saltar por una ventana después de ayudar a su mujer. Pero, cuando trataba de hacerlo, varios hombres, con pistolas y fusiles, le gritaron que ya era demasiado tarde. Le dijeron que si lograba salirse siempre moriría por sus balas. Yo escuché aquello claramente. No estaba lejos de aquella monstruosidad aunque estaba, brutalmente, paralizada y mi corazón lo sentía al borde un infarto del susto que tenía.


Minutos de terror

Las llamas crecían. Los hombres seguían echándole gasolina al microbús con la gente adentro. En un instante escuché el llanto como el de un bebé recién nacido.

Eso me impactó más porque esos desgraciados no paraban de reírse de lo que hacían. Todo pasó rápidamente. Todavía tengo los gritos grabados en mi mente. Creo que desde que llegué a ese lugar hasta que los asesinos se fueron pasaron como dos o tres minutos. Ellos querían asegurarse que la entrada del microbús estuviese en llamas para evitar que los pasajeros pudiesen huir.

Vi, con mi corazón recogido y el alma echa pedazos, cómo esa gente murió injustamente. Todos gritaban. Se estaban quemando. Pedían ayuda y nadie llegaba. Yo no me atrevía a mover un dedo después de detener mi auto. Habría sido una locura acercarse ahí porque los asesinos estaban armados.
Eso sí, en medio de todo, uno de los pasajeros tuvo la fortaleza de enfrentarse a los hombres y logró escapar.

Yo ví cuando ese hombre huyó. Incluso, lo conozco. Le llaman el “chino”. Él se tiró por una ventana con el pantalón prendido en llamas. Cuando los hombres vieron que trataba de huir, comenzaron a dispararle. Al final, le pagaron dos o tres balazos en los pies. El pobre hombre gritaba pidiendo ayuda y se arrastraba con sus pies heridos. Se arrastraba para pedir refugio. Creo que logró huir. Lo hizo por valentía o por desperación. Vaya usted a saber.

Aquello era el infierno. Se oían los gritos de la gente quemándose adentro del microbús. Los malditos no paraban de reírse. Seguro estaban drogados. Yo no sé.

Después se fueron corriendo y se llevaron sus armas cuando se aseguraron que el microbús ardía casi completamente.

Cuando el microbús todavía estaba en llamas, llegó un grupo de policías. Ellos comenzaron a auxiliar a las demás personas. Se las llevaban para el hospital. Poco a poco, en medio del infierno, comenzaron a llegar personas. Pese a mis nervios, yo me bajé del carro. Todos llorábamos por lo que estábamos viendo. Se percibía un fuerte olor a carne quemada. Mirar todo eso era horrible,. Provocaba naúseas. Yo me puse a llorar. No podía creer que existiesen seres humanos capaces de hacer una cosa de esas.

Los sobrevivientes estaban aturdidos o quemados. En medio del alboroto choqué de frente con la señora que vi salir volando por las ventanas. Mi sorpresa fue reconocerla. Era de mi colonia. Nos conocíamos.

Yo sentía que me moría. Fue duro saber, poco a poco, que toda esa gente que estaba quemada dentro del microbús eran de mi colonia. Eran mis vecinos.

Después me fui a la casa. No pude dormir toda la noche. Lo que más tengo en mi mente son los gritos de aquel niño, o niña, no lo sé. Le aseguro que era un recién nacido el que se estaba quemando.

Por más que trato de explicar o reproducir los gritos que escuché, es inútil: no puedo, al igual que jamás podré olvidar lo que miré. Todos o casi todos pedían compasión. Uno de ellos les gritaba que, por favor, no lo hicieran, no quemaran el microbús. Decía que tenía familia y que mejor se llevaran lo que tenían. Pero, lo mataron. Este es El Salvador que nadie quiere vivir.

Via Diario El Mundo.